Publicado el 29 abril 2020Compliance

Ética en construcción

Si el día de hoy realizamos una encuesta a los ciudadanos y les preguntamos “¿cuál es el sector con mayor corrupción?”, la mayoría probablemente responda “construcción”. Si bien no contamos en el Perú con un estudio que demuestre los distintos índices de corrupción por sector o industria, no hay que ahondar mucho en el hecho de que, de una manera u otra, el caso de Odebrecht sigue todavía “fresco” en nuestra memoria.

¿Por qué solemos oír sobre tantos casos de corrupción en este tipo de actividad? Recordemos que los proyectos de construcción más grandes del mundo tienden a ser de infraestructura, licitados por los Estados. Para las empresas, hace sentido, desde un punto de vista económico, pagar un precio “marginal” a cambio de un contrato lucrativo.

¿Dónde ocurren los riesgos que enfrenta el sector construcción en materia de ética y Compliance? Las prácticas poco éticas pueden tener lugar en las distintas fases desde un proyecto: durante su planificación, diseño, los procesos de licitación y operación podemos encontrar coimas a los funcionarios públicos, conflictos de interés, abusos laborales, colusión entre contratistas y supervisores, inflación de partidas presupuestarias, falsas contrataciones… y la lista continúa.

Recordemos que, más allá del efecto y graves consecuencias que tiene la corrupción en sí, un impacto negativo puede verse sobre los mismos proyectos: que sean innecesarios, inadecuados, se entreguen con retraso o estén sobrevalorados (historia que, como peruanos, ya conocemos).

Por este motivo, los aspectos éticos analizados no solo tienen impacto sobre el mismo sector en sí, sino también sobre el desarrollo de un país. La corrupción afecta la contratación pública, generando desde el desperdicio de recursos monetarios hasta la falta de confianza en empresas privadas y en el propio Estado. Las buenas prácticas éticas en la construcción, por lo tanto, son vitales.

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