Publicado el 17 junio 2019Compliance

Dejemos los tabus

Los incumplimientos que tienen las organizaciones en temas de ética siempre han sido considerados extremadamente secretas. No son muchas aquellas instituciones que comentan sobre el número de denuncias que han recibido a través de su canal de ética, y menos aquellas que determinan cuáles fueron las acciones que generaron esa vulneración, ni las medidas tomadas al respecto. Hay, se podría decir, un tabú.

Ahora, esta no es una invitación para olvidarnos del principio de confidencialidad y anonimato sobre los cuales se basan los canales de ética. Mantengamos ello. Pero, como organizaciones, seamos capaces de exponer cuáles han sido nuestros problemas, a qué situaciones nos estamos enfrentando y qué estamos haciendo al respecto, al menos internamente.

¿Por qué atrevernos a dar este paso?

  1. Al hablar de los temas a los que nos enfrentamos y estamos gestionando, hacemos entender a nuestros colaboradores y demás partes interesadas que nuestro canal de ética está funcionando, y que no estamos dejando de lado sus preocupaciones o denuncias.
  2. Demostramos que estamos aprendiendo de nuestros errores. Nos hace evidenciar que no somos una organización perfecta, pero que desarrollamos todas las medidas a nuestro alcance para serlo.
  3. Generamos disuasivos para una actuación inadecuada: al saber que se generan investigaciones por un conflicto de interés, por hostigamiento, por corrupción; que están siendo efectivamente gestionadas e, incluso, usando como ejemplos, se incide e induce en mantener una buena conducta ética.

¿Qué recomendamos? Un ejercicio que funciona, por ejemplo, es el dictado de talleres de ética. En estos talleres, brindar ejemplos de lo que sucedió, sin nombres, sin áreas, es una buena alternativa. En lugar de casos hipotéticos, expongamos a qué nos hemos enfrentado, cuáles son nuestros problemas más comunes y cómo se originan.

Son numerosas las ocasiones, vale agregar, en las que las personas leen el Código de Ética y no lo entienden. Incluso, su redacción puede prestarse a malinterpretación. En ese sentido, comunicar casos reales, ayuda a que el personal entienda lo que, muchas veces, no sabe determinar si está bien o mal.

Seamos abiertos, entonces, sin violar la confidencialidad que corresponde a nuestras líneas éticas. Dejemos de lado el tabú.

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